sábado, 27 de octubre de 2018

CUENTOS


La lectura es un hábito muy beneficioso para el desarrollo cognitivo de los niños. Tiene el poder de trasladar a los pequeños a un mundo de fantasía en el que pueden desplegar toda su creatividad y aprender muchísimas cosas nuevas. Además, estimula el desarrollo del lenguaje, mejora la expresión oral y aumenta el vocabulario. Asimismo, los libros potencian la memoria y el pensamiento abstracto, a la vez que mejoran la concentración y fortalecen la relación padre-hijo y maestro-alumno.
La tortuga
Había llegado por fin el gran día. Todos los animales del bosque se levantaron temprano porque ¡era el día de la gran carrera de zapatillas! A las nueve ya estaban todos reunidos junto al lago. También estaba la jirafa, la más alta y hermosa del bosque. Pero era tan presumida que no quería ser amiga de los demás animales, así que comenzó a burlarse de sus amigos: – Ja, ja, ja, ja, se reía de la tortuga que era tan bajita y tan lenta. – Jo, jo, jo, jo, se reía del rinoceronte que era tan gordo. – Je, je, je, je, se reía del elefante por su trompa tan larga. Y entonces, llegó la hora de la largada. El zorro llevaba unas zapatillas a rayas amarillas y rojas. La cebra, unas rosadas con moños muy grandes. El mono llevaba unas zapatillas verdes con lunares anaranjados. La tortuga se puso unas zapatillas blancas como las nubes. Y cuando estaban a punto de comenzar la carrera, la jirafa se puso a llorar desesperada. Es que era tan alta, que ¡no podía atarse los cordones de sus zapatillas! – “Ahhh, ahhhh, ¡qué alguien me ayude!” – gritó la jirafa. Y todos los animales se quedaron mirándola.
El zorro fue a hablar con ella y le dijo: – “Tú te reías de los demás animales porque eran diferentes. Es cierto, todos somos diferentes, pero todos tenemos algo bueno y todos podemos ser amigos y ayudarnos cuando lo necesitemos”. Entonces la jirafa pidió perdón a todos por haberse reído de ellos. Pronto vinieron las hormigas, que treparon por sus zapatillas para atarle los cordones. Finalmente, se pusieron todos los animales en la línea de partida. En sus marcas, preparados, listos, ¡YA! Cuando terminó la carrera, todos festejaron porque habían ganado una nueva amiga que además había aprendido lo que significaba la amistad.




Santilín.

Santilin es un osito muy inteligente, bueno y respetuoso. Todos lo quieren mucho, y sus amiguitos disfrutan jugando con él porque es muy divertido.
Le gusta dar largos paseos con su compañero, el elefantito. Después de la merienda se reúnen y emprenden una larga caminata charlando y saludando a las mariposas que revolotean coquetas, desplegando sus coloridas alitas.
Siempre está atento a los juegos de los otros animalitos. Con mucha paciencia trata de enseñarles que pueden entretenerse sin dañar las plantas, sin pisotear el césped, sin destruir lo hermoso que la naturaleza nos regala.
Un domingo llegaron vecinos nuevos. Santilin se apresuró a darles la bienvenida y enseguida invitó a jugar al puercoespín más pequeño.
Lo aceptaron contentos hasta que la ardillita, llorando, advierte:
- Ay, cuidado, no se acerquen, esas púas lastiman.
El puercoespín pidió disculpas y triste regresó a su casa. Los demás se quedaron afligidos, menos Santilin, que estaba seguro de encontrar una solución.
Pensó y pensó, hasta que, risueño, dijo:- Esperen, ya vuelvo.
Santilin regresó con la gorra de su papá y llamó al puercoespín.
Le colocaron la gorra sobre el lomo y, de esta forma tan sencilla, taparon las púas para que no los pinchara y así pudieran compartir los juegos.
Tan contentos estaban que, tomados de las manos, formaron una gran ronda y cantaron felices. 
FIN


El árbol mágico

Hace mucho, mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabrasupercalifragilisticoespialidosotan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágicas


El perro y la cometa mágica

Érase una vez un perro conocido por sus grandes dotes artísticas. Aquel perro era un auténtico fabricante de sueños y de alegrías, gracias a las cometas artesanales que fabricaba. Preciosas estelas que surcaban el cielo tiñéndolo de deliciosos colores.
¡Era tan feliz haciendo lo que hacía! Haciendo feliz a montones de niños que, boquiabiertos con las cometas, conseguían convencer a sus padres para llevarse una y hacerla volar al aire libre.
Tal era el entusiasmo de hijos y padres, que pronto se corrió la voz de la existencia del perro artista. La gente se congregaba los domingos por la mañana en el parque de la comarca para ver el espectáculo de formas y colores que se producía en el cielo con el vuelo de las cometas.
El perro artista, al contemplar aquel espectáculo y aquella alegría, decidió afrontar el mayor reto de su vida como fabricante de cometas. Y decidió embarcarse en la construcción de una cometa gigante y espectacular. Una vez la terminó, decidió decorarla con colores y materiales únicos nunca vistos
Decidido a ponerla a volar, acudió al parque y fue arrastrando la cometa a gran velocidad para conseguir alzarla en vuelo. Aquella cometa era tan grande y colosal, que arrastró también con ella al perrito artista. Nunca volvió a ver a aquellos niños y a aquellos padres del parque.
Pero no os preocupéis, amiguitos, que el perro artista consiguió hacer felices con sus cometas a miles de niños de todo el mundo. Eso, y volar entre las nubes gracias a su cometa mágica y colosal.
Desde luego, como artista, había conseguido tocar el cielo…

El gran milagro

En un precioso y frondoso árbol nació un alegre y risueño gusanito, un habitante que dio mucho de qué hablar en el bosque. Y es que desde que nació, siempre se ha portado distinto de los demás gusanos.
Caminaba más despacio que una tortuga, tropezaba en casi todas las piedras que encontraba por delante, y cuando intentaba cambiar de hojas......¡qué desastre!....siempre se caía.
Por esa razón, la colonia de los gusanos le llamaba el gusanito torpecillo. A pesar de las burlas de sus compañeros, mantenía siempre su buen humor. Y se divertía mucho con su torpeza.
Pero un día, llegado el otoño, mientras se daba un paseo por los alrededores, una gran nube cubrió rápidamente todo el cielo, y una gran tormenta se cayó.
Nano, que no tuvo tiempo de llegar a su casa, intentó abrigarse en una hoja, pero de ella se resbaló y acabó cayéndose al suelo, haciéndose mucho daño. Se había roto una de sus patitas, y se había quedado cojo. Pobre gusanito... torpecillo.. Agarrado a una hoja, empezó a llorar. Es que ya no podía jugar, ni irse de paseo, ni caminar.. Pero, una noche, cuando estaba casi dormido, una pequeña luz empezó a volar a su alrededor.
Primero, pensó que sería una luciérnaga, pero la luz empezó a crecer y a crecer... y de repente, se transformó en un hada vestida de color verde. Asustado, le preguntó:
- ¿Quién eres tú? Y le dijo la mujer:
- Soy un hada y me llamo naturaleza.
- ¿Y porque estás aquí?, preguntó.
- He venido para decirte que cuando llegue la primavera, ocurrirá un milagro que te hará sentir la criatura más feliz y libre del mundo. Explicó el hada.
- Y ¿qué es un milagro?, continuó.
- Un milagro es algo ¡extraordinario, estupendo, magnífico!...... Explicó el hada y, enseguida desapareció.
El tiempo pasó y llegó el invierno. Pero el gusanito no ha dejado de pensar en lo que había dicho el hada. Ansioso por la llegada de la primavera, contaba los días, y así se olvidaba de su problemita.
Con el frío, todos los gusanos empezaron, con un hilillo de seda que salía de sus bocas, a tejer el hilo alrededor de su cuerpo hasta formar un capullo, o sea, una casita en la que estarían encerrados y abrigados del frío, durante parte del invierno. Al cabo de algún tiempo, había llegado la primavera.
El bosque se vistió de verde, las plantas de flores, y finalmente ocurrió lo que el hada había prometido... ¡El gran milagro! Después de haber estado dormido en su capullo durante todo el invierno, se despertó.
Con el calor que hacía, el capullo se derritió y finalmente pudo conocer el milagro. No sólo se dio cuenta de que caminaba bien, sino que también tenía unas alas multicolores que se movían y le hacían volar.
Es que había dejado de ser gusano y se había convertido en una mariposa feliz.

FIN


Cuento sobre la primavera:




No hay comentarios.:

Publicar un comentario